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Menos del uno por ciento: por qué Panamá debería vender chocolate, no grano

Panamá produce un error de redondeo del cacao mundial. Justamente por eso exportar grano crudo no tiene sentido, y la verdadera oportunidad está en barras, pasta y turismo.

5 de agosto de 2026 · 3 min de lectura

Una fila de chocolates terminados sobre una mesa oscura

En julio de 2026 un titular circuló por los grupos cacaoteros de Panamá: Nigeria, cuarto productor de África, «prohibía la exportación de cacao crudo a Occidente». La realidad era más matizada, como aclaró el ministerio de agricultura nigeriano al día siguiente: sin prohibición, pero con un plan declarado de pasar gradualmente de exportar grano a exportar manteca, polvo y chocolate. Ghana, Costa de Marfil y Camerún van en la misma dirección.

La reacción en Panamá fue reveladora. «¿Y nosotros, para cuándo?», escribió un productor. «Producimos menos del uno por ciento del cacao del mundo.»

Los números

Panamá produjo unas 562 toneladas de cacao en el ciclo 2022–23 en cerca de 5.800 hectáreas, y exportó alrededor del 70 por ciento como grano. El mundo produce unos cinco millones de toneladas. La parte de Panamá no es uno por ciento; es cerca de una centésima de uno por ciento.

A precio de cacao corriente, incluso con los precios récord de 2024 y 2025, es un negocio pequeño repartido entre 2.170 productores registrados, la mayoría de ellos, según el propio MIDA, viviendo bajo la línea de pobreza. El cacao aportó unos 50 millones de dólares a la producción agropecuaria de Panamá en 2023. Bien, pero no es un sector que vaya a importar nunca por volumen.

Lo que el volumen no compra, el valor sí

El argumento africano es de empleos y capacidad de procesamiento. El de Panamá es más simple: un país así de pequeño no puede competir por toneladas, así que no debería intentarlo. Donde sí puede competir:

  1. Sabor. El estudio genético de 2026 encontró ascendencia de cacao fino mezclada por todo Bocas y criollo casi puro en Herrera. Los microlotes de Bocas ya pasan de 80 puntos con chocolateros europeos. El cacao fino se vende a dos a cuatro veces el precio corriente.
  2. Chocolate terminado. Oro Moreno, Bocao, Sagrado Cacao, Quetzal Cacao, Toño’s Factory y una docena de marcas de finca ya existen. Cada barra hecha en Panamá captura el margen que un saco de grano regala.
  3. Turismo. Un tour de finca en Bocas le deja a una familia más por kilo de cacao de lo que pagará jamás un exportador. A Panamá le escribieron el manual del turismo cafetero en Boquete.
  4. Trazabilidad. El reglamento de deforestación de la Unión Europea exige datos de origen a nivel de parcela desde 2026. Para los orígenes de volumen es una carga. Para un país con 2.000 productores, un registro cooperativo y agroforestería bajo sombra, es un activo de marketing.

Qué tendría que cambiar

La lista del propio grupo de productores, reunida en meses de conversación:

  • Estándares de fermentación y secado por lote, para que la calidad sea repetible y no accidental.
  • Una cultura local de cata: los primeros graduados certificados llegaron en agosto de 2026; hacen falta decenas más.
  • Injerto y selección de los mejores árboles, en vez de sembrar semilla mezclada.
  • Procesamiento en Bocas, no solo en la capital, para que el valor se quede cerca de la finca.
  • Un plan nacional que proteja lo que crece aquí en vez de importar clones. El plan de cacao 2025–2029 del MIDA es la prueba.

Panamá ya aprendió esto una vez, con el café. Hace veinte años era un origen diminuto y sin gracia. Luego un puñado de fincas en Boquete decidió competir por sabor en vez de volumen, y hoy una libra de Geisha panameño se vende por más que un saco de cacao corriente. Los productores de cacao conocen la historia. Viven a dos horas de ella.

Fuentes: La Estrella de Panamá, El legado del cacao · Revista SUMMA, Industria del cacao y el chocolate de Panamá · MIDA, Panamá busca posicionarse en el mercado mundial del cacao · Business Insider Africa sobre la política cacaotera de Nigeria

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